lunes, 7 de febrero de 2011

Como Meditar

Nuestras mentes están constantemente activas, siempre saltan de un pensamiento a otro, de una emoción a otra.

Para establecer contacto con el alma universal que reside en nuestro interior y que es parte de todos nosotros es necesario encontrar un camino que vaya más allá de la neblina de pensamientos distractores que normalmente la ocultan. Es imposible avanzar a través de esta barrera tanto como lo es hacerlo en una neblina real. Si quieres ver el otro lado de la calle en un día de neblina, nada físico que hagas podrá ayudarte. Debes esperar, paciente y tranquilo, hasta que la neblina se disipe y se vaya por sí sola. De vez en cuando se abren claros que te permiten ver qué hay del otro lado. Lo mismo ocurre con los pensamientos. Cuando estamos tranquilos podemos encontrar momentos de silencio puro a los que llamo “claros”, y a través de ellos podemos dar un vistazo al nivel más profundo del alma. Cada vistazo incrementa la comprensión; finalmente, nuestra conciencia se expande.

El propósito de la meditación es dejar de pensar por un momento, esperar a que la neblina de pensamientos se disipe y dar un vistazo al espíritu interior. Para la mayoría es muy difícil controlar el torrente de pensamientos. Los principiantes pueden sentirse frustrados, pero la frustración es apenas otro pensamiento, otra emoción que se interpone en el camino. El objetivo es liberar todos los pensamientos con tranquilidad y mesura.

Una manera común de iniciar la meditación, consiste en concentrarse en una cosa sin forzarse; de manera que sea más difícil que otros pensamientos entren en la mente. A mí me gusta empezar con una meditación de respiración. Para iniciar la meditación, encuentra una posición cómoda. Siéntate en una silla cómoda con los pies bien apoyados en el piso. Coloca las manos en tu regazo, con las palmas hacia arriba. Cierra los ojos y presta atención a tu respiración. Observa cómo entra y sale el aire sin intentar controlarlo de ninguna forma. Tal vez notes que tu respiración se vuelve espontáneamente más rápida o más lenta, profunda o superficial, o que incluso se detiene por un momento.

Observa los cambios sin resistencia y sin anticiparte. Cuando tu atención se desvíe hacia un sonido del entorno, una sensación en tu cuerpo o un pensamiento de tu mente, haz volver tu conciencia, sin forzarla, a tu respiración.

Ésta es la meditación básica. Una vez que una persona se siente cómoda con sólo sentarse en silencio y concentrarse en su respiración, recomiendo agregar un mantra, el cual crea un ambiente mental y permite expandir la conciencia. reflexionesvividas.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario